Miguel Hermoso el malo de “Yo soy Bea”:
“Soy pasional y divertido”
Tiene una ambición desmedida, es egoísta, maquiavélico y dictatorial, aunque sólo en la ficción de Yo soy Bea (Tele 5) en la que da vida al detestable Diego de la Vega. En la realidad, Miguel Hermoso es muy diferente: alegre pasional, divertido...
Hijo del director de cine Miguel Hermoso y de la directora de casting Elena Arnao, Miguel debutó en el teatro a los 19 años, al tiempo que terminaba los estudios de Arte Dramático. Su pasión por el trabajo es enorme, de hecho, sus ojos se iluminan cuando nos habla de los proyectos que ahora tiene entre manos: la obra de teatro El gran regreso, junto a Pepe Sancho, la película Gal, que se acaba de estrenar y la serie de televisión que le ha acercado al gran público, Yo soy Bea.
¿Cómo es Diego de la Vega?
Piensa que el fin justifica los medios, no importa si hay que aplastar cráneos para alcanzar el objetivo. Lo ha sacrificado todo por una meta: hacerse cargo de la empresa de su padre, al que tiene idealizado. Su gran enemigo es Álvaro Aguilar, con quien siempre tuvo una rivalidad enfermiza. Álvaro ganaba las pequeñas batallas cotidianas y eso se le quedó grabado.
¿Y tú cómo eres?
Los seres humanos albergamos distintas tendencias. Si cada uno mira dentro de sí mismo, verá que hay un pequeño dictador, un pequeño salvaje, hay bondad, maldad... Los actores tenemos que recoger todo eso como si fuera una librería, coger el libro de maldad y crueldad – en el caso de mi personaje –, abrirlo y luego volverlo a cerrar. No hay que dejar que eso se meta en tu vida para que no te vuelvas loco.
En tu corazón, ¿qué podemos encontrar?
Pasión y emoción. Busco que los días sean emocionantes, divertirme y sufrir si es necesario. Me apasiona hacer reír a mis compañeros, sentirme parte de un equipo en el que nos apoyamos y transmitimos sensaciones. Es lo que me mueve en la vida.
¿Cómo vives la fama que te ha dado este personaje?
Con humor, sobre todo porque la gente mezcla la realidad con la ficción. El otro día, una señora me agarró por el brazo y me dijo “¡Cómo se puede ser tan malo!”. Yo me defendí: “Señora, si no fuera tan malo, Bea no podría ser tan buena, así que me necesitan”, a lo que me contestó: “Pues nada, sigue siendo tan malo”. Y hace poco, en un bar, no me querían servir y decían que yo no era bienvenido (ríe), pero bueno, yo soy un soldado de la trinchera y hago lo que me dicen.
¿Qué haces cuando no estás grabando?
Compagino la serie con el teatro. Ahora estoy haciendo El gran regreso con Pepe Sancho y es refrescante, hago un personaje muy diferente a Diego de la Vega, así no me encasillo. Cuando vuelvo, tengo ganas de ser de nuevo cruel y perverso.
¿Siempre has querido ser actor?
No, ni mis padres tampoco querían que lo fuese. Los dos sabían que en esta profesión nunca está claro si has llegado a algo o no. Ahora Yo soy Bea es un éxito pero la serie acabará, la gente se olvidará y yo tendré que empezar de nuevo.
¿Qué te hubiera apetecido ser?
Antropólogo. Era muy buen estudiante, pero tuve una crisis adolescente y decidí ser autodidacta. Perdí el tren de los estudios y mi madre me recomendó que me metiera en un grupo de teatro para encontrarme a mí mismo.
¿Mereció la pena?
Creo que sí y pienso que no me he equivocado porque la gente se lo pasa bien conmigo.