Elena Arnao Jalvo y Miguel Hermoso Arnao

Él es heredero de una vocación alimentada dentro del mundo del cine, el teatro y la televisión. Su madre es una prestigiosa directora de reparto

Elena tiene una larga experiencia que le permite analizar las situaciones con distanciamiento. Conoció a su ex marido, el cineasta Miguel Hermoso, en la Escuela de Cine, “que cerró Franco porque decía que era un nido de rojos”. Fue actriz, tuvo a sus dos primeros hijos y un buen día decidió dejarlo, estudiar Psicología y trabajar eligiendo repartos. Su hijo Miguel recuerda que, en casa, se analizaban técnicamente hasta los anuncios de Ariel. A sus 38 años, tras participar en series de televisión como El Súper o Yo soy Bea, estrena en el Teatro Arenal de Madrid ¡A saco!, con una compañía creada junto a Mónica Estarreado, Juan José Afonso y otros compañeros de profesión.

Elena Arnao Jalvo. Estudié cine porque quería ser actriz. Allí conocí a Miguel Hermoso, y a Charo López, Victoria Vera, Jaime Chávarri, Manuel Gutiérrez Aragón... A mis hijos no les quise meter en esto, pero llevan el cine en la cabeza desde niños.

Miguel Hermoso Arnao. Nos manteníais al margen. Yo no estoy tan acomplejado y llevo a mi hijo Gonzalo, de 11 años, a actuar conmigo donde haga falta. De pequeño no iba a los rodajes, pero en casa nos sentábamos a comer los domingos y sólo se hablaba de Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Billy Wilder y Ernst Lubitsch.

E.A.J. O de la última obra de teatro de Adolfo Marsillach o de la interpretación de José Bódalo.

Con unos padres así, incluso la televisión la veían de otra forma.

M.H.A. Se analizaban hasta los anuncios. Mi hermana Carola se cabreaba y decía: “Yo así no puedo ver una película, le quitáis toda la emoción”.

E.A.J. Era muy tierna, muy amante de los animales, y por eso decidió estudiar biología marina, en Cádiz. Yo creo que también lo hizo para librarse de nosotros.

La vida de Elena está salpicada de decisiones difíciles como el abandono de su carrera de actriz.

E.A.J. La profesión es muy dura y no tuve aguante. Tenía dos hijos, se murió mi madre con 62 años, y pensé que no me había ocupado de ella suficientemente... Tenía a los niños en manos de una criada, sin poder educarlos yo misma. Lo dejé y me puse a estudiar Psicología. Mi marido estaba encantado. No le gustaba que volviera a la una de la madrugada a casa.

M.H.A. En vuestra generación hay demasiadas contradicciones. Queríais igualdad pero os habían metido en la cabeza que el hombre es el que tiene que ganar el pan y la mujer cuidar de los hijos.

Tras su separación, Elena recaló de nuevo en el teatro y, después, en tareas de ayudante de dirección y elección de repartos.

E.A.J. Soy poco coqueta y no me gusta esa dependencia de la actriz de estar siempre estupenda.

M.H.A. ¿Por qué no dices que te hiciste directora de casting con el objetivo de seleccionar a la gente por su talento y no por su imagen?

E.A.J. Tampoco te olvides de que el cine es un negocio y hay que enseñar a guapos y guapas. En el casting de actores encontré un camino para trabajar en esto. Me encargaron el reparto de la serie Tango, en 1989 y, desde entonces, lucho para que actores que no son perfectos físicamente sean reconocidos por su talento.

M.H.A. Y además descubriste a Javier Bardém.

E.A.J. Fui la primera que le hizo una prueba para un papel secundario en aquella serie. Pero la gran oportunidad se la dio Bigas Luna con la película Jamón, jamón.
- ¿También le hizo la prueba a su hijo Miguel?
E.A.J. No. Yo le impulsaba hacia la música, porque tenía talento, pero acabó metiéndose en un grupo de teatro. Luego comprobé que valía para esto y le animé.

M.H.A. Cuando eres “hijo de...”, la gente piensa mal. Eres un enchufado toda tu vida y eso te obliga a ponerte las pilas. Pero también es un privilegio tener al lado a esta señora, que tiene un criterio y que te puede ayudar.

Javier del Castillo, fotografía de Ricardo Cases , Magazine, 09-10