“Un actor tiene que proponer ideas
y no esperar a que le llamen”
Es el más cruel de la serie: Diego de la Vega. Pero en la vida real es todo lo contrario. Creció en una familia de artistas y, desde muy pequeño, aprendió lo importante que es la humildad en su profesión y no le ha ido nada mal.
Tras más de 18 años dedicándose al mundo de la interpretación, el madrileño Miguel Hermoso Arnao reconoce que ha tenido una trayectoria con muchos altibajos en la que nunca ha dejado de aprender. Ahora se ve con más recursos y con una base más sólida que le permite afrontar retos más difíciles.
¿Te arrepientes de algo que hayas hecho profesionalmente?
Hombre, arrepentirme no, porque básicamente cuando uno empieza con 18 años, como es mi caso, a lo que aspira es a vivir de esta profesión. Más o menos lo he conseguido, así que no puedo arrepentirme de nada. Quizás podría decirte que hay trabajos que me hubiese encantado no hacer, pero aun así, siempre trato de sacar algo positivo hasta de lo menos bueno.
¿Qué es lo más difícil que recuerdas de tus comienzos?
Recuerdo que me sentía incapaz de llorar. Ahora lo consigo en 30 segundos y el truco es dejar de tener miedo a no llorar. El problema es que para quitarte ese miedo, primero tienes que saber llorar incluso aunque sea sin ningún sentimiento. Superado eso, las lágrimas salen pero porque vives la escena que lo requiere.
¿Cine, teatro o televisión?
Teatro siempre. El teatro ofrece la oportunidad de profundizar en el trabajo y poder mejorar día tras día el personaje. No tiene la trampa del cine o de la televisión. En el teatro no se puede repetir, tienes que tirar millas; pero por otro lado si algo que has hecho no te ha gustado, puedes cambiarlo en la siguiente función. Además, sientes la respiración del público, sus risas y llantos, y eso no tiene precio. Pero también he conseguido compaginar cine y tele, y es fantástico.
¿Qué ha supuesto en tu carrera el papel de Diego de la Vega en “Yo soy Bea”?
Me ha dado un empujón muy importante y además me ha proporcionado mucha popularidad. Me gusta hacer una serie diaria y, por supuesto, el personaje es un bombón.
¿Y ser el “malo” de la serie te gusta?
Creo que he conseguido que Diego no sea estrictamente “un malo” sino que además sea ridículo. Puede ser el más cruel, borde y gruñón del mundo pero luego, de repente, se puede echar a llorar con una canción. Se siente frustrado. Tiene lo que tienen los malos clásicos, al estilo de J.R. o de Ángela Chaning, pero echa de menos a su mamá y duerme con su osito de peluche.
¿Diego y Miguel se parecen en algo?
Ambos somos bastante gruñones. Yo me involucro muchísimo en las emociones de los demás. Me preocupo más por el resto que por mí mismo. A Diego, sin embargo, sólo le preocupa él y nada más que él. Seguramente, a Miguel le gustaría ser un poco Diego, y, a veces, no comerse tanto la cabeza con los problemas de los demás.
¿Cómo es para ti un día de rodaje en Yo Soy Bea?
Todo depende del decorado en el que se tenga que rodar; 2 o 3 días a la semana son los fuertes, en los que me toca aprender 35 folios de guión. Los restantes son más tranquilos. Esta profesión no es dura. Es mucho más duro el trabajo de la gente de producción, dirección... ellos sí que se pasan 12 horas al día sin parar.
¿Y cómo es tu relación con el resto de los actores de la serie?
El ambiente es muy bueno. Es una relación casi familiar. Lógicamente, hay personas con las que te llevas mejor, otras con las que te llevas peor, otras a las que adoras y otras con las que directamente no tienes trato, salvo para rodar las secuencias. Creo que como sucede en cualquier otro trabajo.
¿Has pensado ya en tus futuros proyectos?
Quiero seguir haciendo televisión y teatro. Tengo pensado montar una productora con Mónica Esturreado. Somos muy amigos, ambos conocemos bien el medio y tenemos algunas ideas que nos gustaría poner en marcha. Un actor, tiene que estar activo y proponer proyectos, no estar esperando a te llamen siempre a la puerta.
Y si no hubieses sido actor...
Hubiese sido un vagabundo. Me imagino tocando la guitarra y preguntándome para qué sirvo yo.
¿Sigues cantando y tocando?
Toco el piano, la guitarra y también toco percusión, pero no soy instrumentista. Estudié solfeo y armonía. Cuando fui mayor de edad dejé el conservatorio porque no me gustaba y me reconcilié tiempo después con la música al meterme en una escuela de jazz. Aquello sí me gustó. Compongo bandas sonoras para obras de teatro, y en su momento, hice mis pinitos en una banda de rock.
¿Qué otras aficiones tienes en tu tiempo libre?
Lo que más me gusta es pasar el mayor tiempo posible con mi hijo.
Por cierto, y si algún día tu hijo te dice que ha decidido seguir tus pasos, ¿qué le dirías?
Gonzalo, mi hijo, hizo sus pinitos. Interpretó a Diego de la Vega cuando era un niño, en un capítulo. Se quedó encantado y le pareció muy divertido. A mí se me cayó la baba al ver lo bien que lo hizo. Por ahora no me ha dicho que quiera ser actor, pero si lo hiciera, aunque prefiero que no, creo que tiene cualidades.
Déjame pensar...
· Actor favorito: Paul Giamatti.
· Actriz Favorita: Glenn Close.
· La última en el cine: No es país para viejos.
· Para escuchar: R.E.M.
· Un libro: El mundo, de Juan José Millás.
· Una serie de televisión: Prison Break.
· Un equipo: El atlético.
· A la hora de vestir: Me pongo lo primero que encuentro en el armario.
· En el plato: Un solomillo casi crudo.
· Lugar de vacaciones: Sin duda, París.
De puertas a dentro
· Un recuerdo de la infancia: Estar en la playa tumbado encima de la barriguita de mi padre y escuchando el sonido de las olas.
· Tu mayor defecto: La falta de previsión.
· Tu mayor virtud: La generosidad.
· No soportas: La prepotencia.
· ¿Diurno o nocturno? Nocturno.
· Plan de fin de semana: Montar en bicicleta con mi hijo.
· Nunca falta en tu maleta: El ordenador.
· Y en tu nevera: Cerveza.
· Un deseo por cumplir: Enamorarme.
· Y uno ya cumplido: Ser padre.