El deseo de ser piel roja
Drama
España, 2001
97 minutos
Sinopsis
Tánger. Un día, al salir de su hotel, Martín sorprende una violenta discusión entre Abel y Ana. Ella no quiere que la deje sola, pero el hombre acaba por dejarla tirada y humillada. Más tarde, Abel y Martín se encuentran en un bar y descubren que son de una misma región, de pueblos cercanos, donde Abel dice que suele cazar y, para su sorpresa, Martín le informa de la implantación de una central nuclear. Medio en broma, y entre los vapores del alcohol, Martín dice que la tienen que volar. Después de llevarse a Martín para encontrar juntos a Ana, que se ha ido a la península, la idea de acabar con la central nuclear se convierte en una obsesión para Abel. Martín le sigue en su delirio porque también se ha obsesionado, pero con Ana.
Ficha Técnica y Artística
Reparto:
| José Sancho Marta Belaustegui Miguel Hermoso Arnao Chema Muñoz Max Ungría Dr. Oscar López Telesforo Molpeceres Aitor Mazo Alicia Hermida Laura Heredero Fernando Chinarro Arantza Rentería |
Abel Ana Martín Roberto Autoestopista Albino Padre Rodolfo Pilar Berta Anciano Tony |
Director: Alfonso Ungría
Productores ejecutivos: Rodolfo Montero, Rafael y Fernando Martín Sanz, Jesús Bustamente.
Director de producción: Nano Montero
Guión: Alfonso Ungría
Director de fotografía: Ángel Luis Fernández
Director artístico y figurinista: Carlos Bodegón
Sonido Directo: Licio Marcos de Oliveira
Montaje: Julio Peña Muñoz, A. Gómez Escalonilla
Música: Mario de Benito
Mezclas: A. Esquivel Ruiz
Maquillaje y Peluquería: Mamen Peinado
Críticas
La Guía del Ocio – Fernando Méndez-Leite
Han pasado más de treinta años desde El hombre oculto y Tirarse al monte, las primeras películas de Alfonso Ungría, manifiesto de un cine pobre, rabiosamente independiente y muy radical en su propuesta estética y narrativa. Su autor, que ha templado con el tiempo aquellas fiebres, aunque ninguna de sus películas tenga nada de conformista, ha desarrollado la mayor parte de su trabajo en TVE donde se ganó reputación de director exigente y, ¿por qué no decirlo?, raro. Y raro, lo ha sido. Hasta tal punto que esa fama le persigue hasta cuando ha dejado de serlo, porque tanto África (1996) como El deseo de ser piel roja (2001), siendo películas de inequívoco compromiso consigo mismo, son historias cercanas contadas con sinceridad y modestia, que deberían tener una salida comercial más generosa. Cuando algunas películas españolas que elucubran sobre el azar y la nada mirándose el ombligo desde su lujoso presupuesto, acaparan nominaciones a los Goya, el viejo dandy Alfonso Ungría, nos propone una sencilla historia de sentimientosm de perdedores, de historias desconcertadas. Una road movie alrededor de tres personajes que, en busca de un sentido para sus doloridas existencias aceptan la descabellada misión que uno de ellos, el más tocado por el tiempo y el infortunio, se ha marcado como capítulo final.
Ungría retoma aquí, con unos años más y otro actor, el personaje de Martín, el adolescente enamorado e inseguro de la excelente África. Víctima de algún nuevo desastre amoroso, el muchacho se arrastra por las calles de Tánger sin una meta, completamente desorientado. Y naturalmente, como corresponde a su edad y condición, se apunta a un bombardeo. Conoce casualmente a Abel, que podría ser su padre y que anda tan destarifado como él pero con muchas más canas en el pelo, el rostro surcado de arrugas y el alma demasiado cargada. Abel, que vive una tormentosa relación con Ana, que también podría ser su hija, tiene algo de embaucador, de supuesto aventurero de un tiempo en que, según imagina Martín, todavía es posible la aventura. Todo lo que hace y propone está marcado por el signo del absurdo, del peligro gratuito, de la contradicción más esencial. Sin embargo, hay en él tanta energía, tanta verdad, tanta sincera obstinación, que los dos jóvenes quedan enrolados en su cruzada: dinamitar una central nuclear que hay a la salida de su pueblo cántabro.
El deseo de ser piel roja, que toma su inspiración en un hermoso texto de Kafka, es una metáfora sobre la libertad y la fatalidad, sobre la capacidad de decisión sobre nuestro propio futuro, pero es al mismo tiempo una película sobre el amor, la amistad, el sexo, sobre las cosas que pasan a nuestro alrededor y modifican nuestra geografía y nuestra existencia. Está contada con inusitada fuerza visual, la cámara en mano nerviosa, pero sin perder el sentido de cada plano. Sus imágenes son básicamente los rostros de sus tres magníficos actores. Marta Belaustegui, Miguel Hermoso Arnao – tan poderoso como en Fugitivas – y, sobre todo, Pepe Sancho, cuya fuerza produce la sensación de que en cualquier momento va a derribar los límites del encuadre. No se pierdan esta película.
El País – Augusto M. Torres
Cinco años después de África (1996), la anterior, excelente y demasiado olvidada película de Alfonso Ungría, su joven protagonista, Martín, tiene 30 años, vive en Tánger, desengañado de todo, en general, y de una mujer, en concreto, y piensa en suicidarse. En ese momento, se cruza en su camino una peculiar, el cincuentón Abel, un hombre de acción, que ha vivido momentos mejores y sobrevive de recuerdos y Ana, una joven que podría ser su hija y que mantiene con él una relación entre la admiración, el agradecimiento y el amor, y se ve envuelto en su disparatada aventura de dinamitar una central nuclear. A lo largo de un viaje en automóvil desde Tánger hasta Cantabria, desde el calor al frío, como en las buenas películas de itinerarios, evolucionan y llegan a la destrucción. Dentro de un conjunto de claras influencias kafkianas, desde el título, El deseo de ser piel roja, que es el de un relato de Kafka, hasta el comportamiento de su principal protagonista y un clima con un peculiar y fuerte sabor erótico.
Programa para estrenarse a finales de septiembre, el brutal atentado del día 11 contra las Torres Gemelas de Nueva Cork, ha hecho que su estreno se retrase un trimestre. No porque la película tenga ninguna intención ni carga política, que no la tiene en absoluto, sino por el temor a todo cuanto se relacione con la irracionalidad de los actos terroristas, que sí tiene bastante que ver.
Con muy pocos elementos, un automóvil y tres actores que se desplazan en él en busca su irracional objetivo, Alfonso Ungría construye una apasionada película de iniciación, amor y aventuras. La historia del joven que descubre una nueva vida a través de un hombre mucho mayor que él por el que en un principio siente tanta admiración como luego rechazo, entre los que se sitúa una bella joven de oscuro pasado, que se mueve entre los dos con una extraña habilidad y perversidad, para conseguir tener a ambos y que no se enfrenten entre sí.
Rodada cámara en mano, para subrayar su tono de inmediatez, casi de reportaje, con una buena fotografía de Angel Luis Fernández, esta aventura kafkiana está escrita y dirigida con mano maestra por Alfonso Ungría que logra dar la sensación de que en cualquier momento el triángulo puede explotar y, muy en especial, un alto grado erótico en la relación entre los tres personajes. Esto se debe en gran parte al excelente trabajo de sus protagonistas y casi únicos actores, los demás son personajes episódicos. José Sancho está perfecto en un personaje hecho a su medida, Marta Belaustegui despliega un atractivo registro morboso inédito en su trayectoria y Miguel Hermoso resulta muy eficaz en el joven que debe aprender a vivir con una peculiar pareja.
Cinemanía – M.C.
Película de perdedores, de idealismo erráticos pero vitales, de vocacionales inconformistas, de gente que llegará al final cansada, decepcionada, pero que morirá pataleando tozudamente, sin ceder, o quizás sin encontrar las ventajas del camino trillado. Es una road movie en la forma y el espíritu pero, al mismo tiempo que encaja en el género, mantiene un tono personal que la aleja a ratos de él. Probablemente, esta película es de esas ante las cuales no suele haber posturas indiferentes, o gusta mucho o no conecta con ella. A mí me sedujeron los retratos de los tres protagonistas – dos hombres y una mujer que viajan, mejor, huyen juntos pero con diferentes metas – y sus complicadas relaciones. Además del clima, algunos diálogos, las secuencias que transcurren en el pueblo natal de uno de ellos, donde mientras se ve y oye a otras gentes, se recibe una brutal y definitiva información sobre el personaje más conflictivo, el del extraordinario José Sancho. Borraría, en cambio, la inútil, y como de otra película, secuencia del burdel. Excepto eso, la mirada sensible, personal y madura de Alfonso Ungría ha creado un precioso e intimista cuento que transcurre durante el poco tiempo en el que convergen las vidas de tres seres contracorriente.
Es también el mejor trabajo hasta hoy de Marta Belaustegui, y Miguel Hermoso Arnao vuelve a demostrar, como en Fugitivas, su gran potencial. Y un lujo, la presencia de Alicia Hermida.
Curiosidades
- El título se debe a un cuento de Kafka, del mismo nombre que dice:
Si uno pudiera ser un piel roja, siempre alerta,
cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento,
constantemente sacudido sobre la tierra estremecida,
hasta arrojar las espuelas, porque no hacen falta espuelas,
hasta arrojar las riendas, porque no hacen falta riendas,
y apenas viera ante sí que el campo era una pradera rasa,
habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo.
- A la hora de grabar el texto de Kafka, Pepe Sancho hacía un intento tras otro, con Alfonso Ungría y un sonidista, sin éxito, hasta que entró Miguel en la habitación en que se hallaban. Ungría le dijo: “Ponte ahí delante” y le dijo a Sancho: “Léeselo a Miguel”. Salió perfecto.
- Miguel compuso una canción sobre este texto dos años antes, en uno de sus grupos, que decía:
Si yo pudiera ser un piel roja... siempre alerta...
cabalgando una pradera... atravesando el viento...
sacudido sobre tierra estremecida...
arrojaría las riendas, no hacen falta riendas
arrojaría las espuelas, no hacen falta espuelas...
ni cabeza de caballo... ni caballo....
- Pepe Sancho salió en Lucrecia, Cuéntame y fue coprotagonista de El gran regreso.
- Alicia Hermida salió en Cuéntame.
- Chema Muñoz salió en Raquel busca su sitio.
- Los actores pensados originalmente para hacer de Martín y Ana eran Patxi Freytez y Silke.
- No sólo las películas estadounidenses se vieron afectadas por los atentados del 11S. También El deseo de ser piel roja vio retrasado su estreno: "Algunos pensaron que la explosión de la fábrica que hay en la película tenía cierto paralelismo con los atentados y podía herir sensibilidades", explicó Alfonso Ungría.