Candidatos de UPyD responden a los ciudadanos

Hoy día tres de mayo, en el Parque del Retiro de Madrid, Unión Progreso y Democracia cerrará sus actos de recogida de firmas para concurrir a las Elecciones al parlamento Europeo. Y presentaremos a los ciudadanos a nuestros candidatos. Lo haremos  en un acto político abierto  durante el que los ciudadanos  podrán preguntar lo que deseen a nuestros candidatos. Es la política en la plaza pública; es la democracia.

El viernes leí un editorial de El Mundo en el que analizaba las candidaturas del Partido Socialista y del Partido Popular para estas elecciones, calificando ambas de "opacas y endogámicas". Una pena que no se tomara el trabajo de compararlas con la candidatura con la que UPyD pretende conseguir la confianza de los ciudadanos. Pero déjenme que, siquiera brevemente, se la presente. Lo primero que hay que destacar es que hemos elaborado la candidatura prensando en la ciudadanía, en que es a ella a la que debe representar. No ha habido cuotas internas de ningún tipo: ni territoriales, ni por número de afiliados, ni en relación con los cargos internos del partido. Es una lista nacional, abierta a los ciudadanos. Hemos elaborado la mejor candidatura buscando a los mejores para representar bien la sociedad española de hoy y la Europa que queremos. Es verdad que hay entre nuestros afiliados y simpatizantes muchos otros con iguales méritos; pero no cabían todos. Todos ellos --y todas ellas-- son personas conocidas en su ámbito profesional por la tarea que han desarrollado; todas ellas  --y todos ellos-- son candidatos acreditados por lo que han hecho y no por lo que dice en su tarjeta que son.

Así pues, y sin ánimo de ser exhaustiva,  entre los cincuenta titulares y los diez suplentes -- más allá del número uno, Francisco Sosa Wagner y el número dos, Fernando Maura que son ya conocidos--, hay expertos en Seguridad Internacional como Álvaro Ballesteros, destinado actualmente en una Misión  de la OSCE en Kosovo; escritores y columnistas como Fernando Iwasaki, Teresa Giménez Barbat o Beatriz Becerra; abogados como Ana Falomir, Ángerls Colmenero o Pilar López; expertos en Cooperación Internacional como Patricia Garrido o Alejandro Fernández Ludeña; médicos como Araceli Aponte, David Andina o Alfredo Rodríguez; investigadores como Alfonso Sopeña; economistas y expertos en economía internacional como Luís de Velasco, Javier Ordóñez o Julián San Martín; empresarios como José Manuel Opazo o Purificación Fernández; militares en la reserva como Francisco García; gentes de las artes como Luís Alonso de Santos (director de teatro y guionista), Miguel Hermoso (actor) o Emilia Hernández Onrubia, soprano y profesora de canto; diplomáticos en activo como Antonio García Abad; miembros del Consejo Social Europeo, enfermeros, expertos en género, expertos en relaciones internacionales, profesores... Y cierran nuestra candidatura dos personas que representan simbólicamente lo que ha sido la lucha por la democracia y la libertad en estos últimos  treinta años. Dos personas que dieron el paso de implicarse públicamente cuando ETA asesinó a sus seres más queridos: Estíbaliz Garmendia y Mikel Buesa.

Con esta candidatura de lujo -- sí, de lujo, me siento muy orgullosa de poderla presentar-- queremos animar a los ciudadanos a participar en las elecciones al Parlamento Europeo. Porque es mucho lo que tenemos por decidir ese día. Es una pena que en este país no haya existido ninguna pedagogía política ni democrática y los ciudadanos ignoren hasta qué punto es importante el modo en que se configuren las instituciones europeas. Es una pena que los dos grandes partidos quieran hacer de esta campaña unas primarias en clave nacional. Nosotros vamos a empeñarnos en hablar de Europa, de la Europa que queremos. Y de la vinculación que existe entre la Europa que queremos y la España que defendemos. Por eso hablamos de la necesidad de construir una España fuerte para contribuir a construir una Europa unida. Una Europa con instituciones políticas más fuertes; una Europa capaz de intervenir en el mundo en defensa de los valores democráticos y de los derechos humanos.

No hace aún demasiados años que Europa fue escenario de dos grandes guerras --que llamamos mundiales pero que fueron en origen europeas-- que a punto estuvieron de eliminar a todos nuestros antepasados. Dos grandes guerras que surgieron por el nacionalismo; dos grandes querras que obligaron a hicieron  los líderes europeos supervivientes a  propugnar un espacio de libertad, justicia y seguridad que evitara que en una tercera guerra nos liquidara definitivamente. Ese objetivo fundacional sigue estando en vigor. La Europa que hoy conocemos ha avanzado mucho a pesar de la falta de voluntad, de la falta de ambición política,  de los líderes que sucedieron a los padres fundacionales.  Acontecimientos tales como "el mal de las vacas locas "obligó a Europa a tener una política común de seguridad alimentaria; la presión social hizo que avanzáramos hacia una política de mínimos en materia de protección social y empleo (recuerden que hace nada han pretendido echar por tierra años de conquistas sociales con la Directiva del Tiempo de Trabajo); la inseguridad, el terrorismo que procede  los países miembros y el que viene de fuera de nuestras fronteras ha hecho que avanzáramos hacia la consolidación de un eurocuerpo policial y judicial; tragedias como el Exon Valdés o el Prestige ha obligado a legislar a nivel europeo sobre la seguridad de los transportes marítimos; la guerra de los Balcanes ha reforzado la posición de aquellos que llevan años defendiendo la necesidad de que Europa tenga una Política Exterior y de Seguridad Común.

Hoy la idea de Europa sigue siendo necesaria; para el mundo y para nosotros, los ciudadanos europeos. la globalización ha cambiado nuestro mundo; hoy no existen fronteras, particularmente para aquellos peligros que amenazan a la humanidad. Los dos grandes retos de este siglo, la inmigración y el terrorismo, requieren de políticas europeas que contribuyan a formar respuestas globales en los foros internacionales. Ningún país europeo, ni el más fuerte, es capaz de enfrentarse por sí solo a los retos de nuestro tiempo. Por eso hace falta una Europa con personalidad jurídica propia; con una estructura institucional común que le permita adoptar y defender posiciones políticas comunes en los foros internacionales; posiciones políticas que representen la voluntad de todos los europeos.

Como solemos explicar respecto de España, una política común, una estructura institucional común y  una personalidad jurídica propia es mucho más que la suma de las políticas nacionales. Por eso hay que explicar a los ciudadanos que es preciso ceder algunas competencias nacionales para ganar competencia europea. Como explicamos en España en relación con la Educación o las políticas sanitarias básicas. Se trata de garantizar la seguridad, la justicia y la libertad, objetivo de los padres fundacionales. Se trata también de garantizar la cohesión  y las políticas sociales; porque nada de lo que tenemos en esta isla que es Europa en el mundo está garantizado para siempre. Las amenazas han cambiado y  hoy todo es más complejo y más peligroso. Y es por eso que hemos de tener claro que, o Europa exporta y promueve la libertad en el mundo o importará esclavitud.

Nunca debiéramos olvidar esa frase que aparecía en el preámbulo de la fallida Constitución Europea: "Europa es un espacio especialmente propicio para la esperanza humana". Europa es un proceso vivo que pretende la administración de la complejidad, de la pluralidad, dentro de la unidad. Para decidir sobre estas cuestiones, sobre estas ideas de futuro, es para lo que estamos llamados a las urnas el día siete de junio. Apliquémonos en explicárselo a los ciudadanos. Les aseguro que están deseando escucharnos.

Rosa Díez, www.upyd.es, 03-05-09